domingo, 6 de marzo de 2016

El feminismo, la consecuencia brumosa de la que el patriarcado sólo quiere rehuir



El feminismo nunca ha matado a nadie, 
el machismo mata cada día
Benoitte Groult

Hace unos días atrás la noticia del hallazgo de los cuerpos ultrajados, golpeados y muertos de María José Coni (21 años) y Marina Menegazzo (22 años) en el balneario de Montañita, Ecuador despertó las furiosas reacciones en las redes sociales de todo aquel que deploraba el hecho. Naturalmente se trata de un crimen atroz  que perpetua la violencia de género que se vive en el mundo de forma brutal y continua. Y si bien está entrada no tiene ningún afán periodístico no puedo dejar pasar las sospechas que los propios familiares de las víctimas han despertado sobre esta tragedia, relacionando el crimen inmediatamente a la trata de blancas, problema global que propulsa los peores atropellos y vejaciones al género femenino, pero esto ha sido descartado tajantemente por las autoridades de la zona, aunque quizás también como una manera de encubrir un lugar turístico y altamente rentable para la región. Hipótesis más, hipótesis menos lo cierto es que el crimen -hoy por hoy convertido en un cruento y morboso espectáculo mediático- permitió que la sociedad experimentara una vez más el horror de un mundo descarriado y sumamente machista en donde se trata de normalizar como una consecuencia lógica el triste desenlace de toda esta historia debido a que las chicas viajaban sin una presencia masculina que las protegiera, este planteamiento se reafirmó pública y quizás hasta inconscientemente cuando un médico argentino califico a las chicas como “víctimas propiciatorias” obviamente porque viajaban “solas” y ante eso saltaron muchos a objetar al especialista “…ahora dicen que ese fue el “crimen” de Marina y María José. Ir “solas”, aunque eran dos y, aunque yo soy de letras y bastante tarada con los números, me parece que uno más uno es dos, pero en fin.” Recalcaba irascible la escritora Ecuatoriana María Fernanda Ampuero. Opinión que se replicó por muchos, pero la realidad muestra otra cara y un rápido censo dejaría ver que la mayoría de las mujeres encontrarían –con mucho pesar- razón a las palabras del médico, muchas mujeres tendrían miedo a viajar sin la compañía de un hombre y muchas mujeres hasta en secreto castigarían la osadía de cualquiera que se atreviese a arriesgar su integridad en pos de la aventura. Básicamente la idea es que ellas por su condición de mujer estaban propensas a que les pasara algo así, un hombre corría con ventaja en ese aspecto.


Está lógica impregnada en nuestras costumbres, ideas y conceptos viene dada por el patriarcado, no me gustaría achacar aquí una responsabilidad meramente masculina porque así como hay hombres que perpetuán la lógica machista y heteronormativa, también hay mujeres que lo hacen y la incentivan mediante aquel artificio  que es la femeneidad, sin embargo, ponerle otro nombre al mecanismo que propaga las ideas centradas y normalizadas a través de los medios de comunicación, los organismos de trabajo y los espacios públicos  sería un despropósito, el patriarcado domina porque quienes mandan el mundo son hombres, y si no lo son asumen el papel clásico que debería tomar un hombre sin la menor intención de reivindicar la posición de su género sexual. 

El patriarcado es una palabra que suena bastante fuerte, pero que en el fondo la adquirimos desde que nacimos ya que constituye el ADN del 95% de los pueblos Latinoamericanos, nuestras Constituciones se organizan bajo un esquema proteccionista en donde el estado vela  y sabe lo que es mejor para cada uno por lo mismo puede arrobarse el derecho de decidir cuándo y cómo castigarnos tal como un padre severo lo haría. Este sentido de formación del deber ser se expresa en las figuras legales que manifiestan públicamente la consolidación de un modelo de valores establecido no por una sociedad en su conjunto si no por una parte de esta sociedad ¿cuál parte? Pues la que tiene poder, la clase dominante, la clase hegemónica y toda el tropelío de “lacayos” que invisibilizan estas cuestiones normalizándolas en el quehacer cotidiano, es decir, objetivándolas. Las relaciones de género  están marcadas, por tanto, con estás leyes que inferiorizan a la mujer   o le restan atributos (menor salario laboral, ser cosificadas, ser tratadas como débiles, que sólo sirven mientras mantengan su función reproductora óptima)  generando directamente en ellas violencia simbólica concepto usado para expresar la superioridad y presión  que un grupo ejerce sobre otro sin comprometer al primero en nada físico, pero sí psicológico y que termina siendo aceptado socialmente. Por ejemplo el aparthaid era legal en Sudáfrica hasta hace poco, los derechos de los afroamericanos de piel negra eran menores que los de piel blanca, y aquello era aceptado y legal, a nadie parecía molestarle porque así es como todo debe ser según la normalidad que la vida te dice, pues eso era violencia simbólica, que un grupo  o entidad te presione a unos límites y destinos de los que uno no pueda nunca elegir ni traspasar.  

 La violencia simbólica hacía las mujeres es una construcción que tiene demasiados factores como para simplificar, pero sin duda uno de los eslabones principales en su formulación es el rol de los medios de comunicación, como estos van transformando la imagen de la mujer en un simple producto descartable, utilitario y cosificado. Pierre Bordieu la tenía clara:


"La violencia simbólica que se ejerce desde los medios sobre las niñas impone una forma de coerción, de opresión absoluta, insuperable, ya que las niñas no disponen de otras categorías para pensar y pensarse, que las que le son inoculadas mediante la propaganda, y que no son otra cosa más que la forma incorporada -hecha cuerpo- de la relación de dominio. La eficacia de esta violencia simbólica se apoya en el trabajo previo constante y dedicado de padres, tutores y educadores, dando una direccionalidad a la construcción de la subjetividad femenina, modelando los cuerpos, disciplinando, inoculando unos gestos, prohibiendo otros, habilitando unos comportamientos y censurando otros, todo lo cual es necesario para producir estas "disposiciones permanentes" en las que se apuntala la acción eficaz de la violencia simbólica, capaz de activarlas."

Desde pequeñas a las niñas se les presentan ciertos juguetes o artículos que las perfilan como debería ser una mujer según los cánones heteronomativos-Patriarcales, uno podría pensar que naturalmente un niño es libre de jugar con lo que quiera, sea una Barbie o lo que sea, el problema es justamente que dentro de la lógica del consumo las muñecas, cocinillas, peluches no están destinadas a un espectro de público amplio, obviamente los autitos Hot Weels no pueden ser para niñas bajo la lógica del mercado y los comerciales exhortarán todos los valores que un autito Hot Weels puede provocar como sensaciones “masculinas” en la mente de un niño (superioridad, sentido de acción) mientras que una barbie o un set de pinturas para pelo será producto restringido para niñas por la forma en que estos se presentan y a la vez moldearan su imagen de futura mujer-objeto. No se me ocurre mejor ejemplo para esto que el capítulo de Los Simpsons en donde Lisa confecciona junto a la  creadora de la Stacy Malibu una nueva muñeca que reivindique el rol de la mujer:


Claro que la decisión de comprar tal o cual juguete para una niña o un niño reside en los padres y ellos perfectamente pueden romper el molde y no dejarse guiar por lo que dicen los comerciales, pero naturalmente los estereotipos y normatividades pesan por lo que pocas veces se logra romper esta cadena comercial-normativa, siempre es a favor de mantener los prejuicios y estandartes que se han inculcado en la sociedad, restringiendo las habilidades y capacidades de una niña y también las de un niño al cerrarle las puertas con aquellos elementos didácticos que explotan su imaginación como lo son los juguetes. En el caso de las niñas al ir creciendo la publicidad atenta más contra su formación creando subjetividades, educando a que las chicas sepan valorar su cuerpo como elemento de ostentación, que no vale la pena desarrollar un ápice de inteligencia o talento ya que las mujeres son seres privilegiados cuyo cuerpo les permite la ventana al mundo y entonces se les proporciona millones de productos de belleza que jamás van a satisfacer los complejos estandartes que una mujer busca obtener para entrar bien en la normatividad-hegemonica que se impone y a la que son introducidas sin saberlo si quiera. Los productos de belleza, la moda, los estereotipos femeninos presentes en la televisión, las presentadoras que sólo brillan por su belleza terminan concentrando una bola en el pensamiento de las jóvenes quienes jamás estarán contentas con su cuerpo, jamás  se querrán ni valorarán porque siempre habrá un modelo que alcanzar, un ideal de belleza imposible que se explota en la publicidad y al que no se le podrá comparar. Las mujeres son víctimas a diario de esa violencia simbólica y aunque es reciente a  los hombres últimamente también se les está aplicando esa misma lógica perversa de mercado en donde nunca podrán estar contentos con su cuerpo, su virilidad social y establecida dependerá de elementos muy específicos que lo juzgarán como hombre. Hoy en día hombres y mujeres son víctimas de una fuerte violencia simbólica pertrechada por la publicidad, los medios, pero en especial énfasis son siempre las mujeres los primeros blancos porque por tradición ellas han sido catalogadas como elementos superficiales y obstructores una vez han desempeñado su utilidad “técnica” (los chistes de suegras en donde no son cosificadas si no que humilladas por su falta de utilidad “técnica” son muy gráficos en cuanto a esto) por lo que para una mujer es imperioso verse siempre bien, siempre perfecta, siempre radiante.

Proyecto Contra-publicitario El Squatt, las imagenes fueron sacadas de este facebook  https://www.facebook.com/media/set/?set=a.1566134610273169.1073741858.1554575938095703&type=3


Este esquema es algo objetivado en la vida diario y creo que todos los que hayamos sido criados en una familia hetero-normativa (tanto hombres como mujeres) han reproducido ese modo de pensar de mayor o menor forma, yo no puedo estar exento de aquello, muchas veces he terminado cosificando a las mujeres, caído en actitudes horrorosamente machistas y minorizado el rol femenino (escribí hasta un cuento “burlándome” de aquello) a la vez que más de una vez me he sentido frustrado por no poder responder fielmente al ideal de lo que un “hombre” debería ser. A si mismo también he sufrido violencia de género cuando amigos de mi novia me han visto cocinando o haciendo el aseo en casa, mi novia se ha ganado las risas de sus amigos porque según ellos,  me tiene con el látigo. Hay que parar de perpetuar estos modelos, este imaginario sólo nos limita en nuestras funciones y opciones. El asunto está en darse cuenta y ejercer el cambio de paradigma.


Desabastecer la publicidad que divide y subvierte al género femenino con todos sus estereotipos y estupideces es la manera más rápida y efectiva de generar un cambio de conciencia. Cuestionar la publicidad e indignarse por ella es una táctica que funciona y es lo que los movimientos feministas intentan con garra desentrañar. El feminismo hoy en día ha entrado en una nebulosa que la hace difícil de reconocer para un ajeno lo que resulta muy confortable para el patriarcado, una mujer que alega la igualdad en los derechos es vista y ridiculizada en las redes sociales como una histérica, atolondrada, inepta y así sumamos y seguimos, en el fondo una cerrada de mente que se le tilda de Feminazy, concepto inventado por una mayoría masculina quizás abrumada por el consistente despertar que muchas mujeres han tenido sobre su rol en el mundo desde hace algún tiempo. Inevitablemente idiotas hay en todos lados, hombres y mujeres pueden llegar a enlodar el feminismo al desvirtuarlo con sandeces repletas de cero rigor teórico, pero en el fondo las mujeres y hombres que respetan el feminismo saben que lo que se busca es tan simple como decir igualdad, que las mujeres no se les pegue, no se les menosprecie, no se les instigue, y por sobre todo no se les mate y luego se normalice su muerte por cosas como “Es que ellas tienen la culpa por ponerse esa ropa” o “Ellas andaban solas” En fin, crímenes siempre habrán, hombres y mujeres son víctimas del horrible azar. El feminismo, sin embargo, puede ayudar a reducir esa carga de violencia simbólica impuesta por el patriarcado, por tanto el feminismo es sólo una reacción a aquella violencia simbólica, una consecuencia de la cual el patriarcado intenta enrarecer para no hacerse cargo. Nunca lo hará, es uno el que tiene que despertar.-


No tiene desperdicio ver este pequeño trabajo que trata sobre los roles que se les asigna a las mujeres y se normalizan a travéz de estereotipos. Como se cosifica y desvaloriza además el rol de las mujeres. 

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